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domingo, 5 de diciembre de 2010

Impaciencia - las prisas


A veces la impaciencia se apodera de mi, o mejor dicho me impaciento; esto me sucede especialmente cuando espero la llegada del autobús, o aguardo mi turno a la espera de pagar mi cuenta en el supermercado.

Muchas veces he reflexionado sobre el extraño comportamiento de mi “paciencia”. A veces elaboro con mimo y dedicación labores de aguja que casi me dejan ciega, en las que contar lo hilos diminutos de un sutil tejido, parecería la más minuciosa de las tareas y en la que la única arma posible, a parte de la muy discutida destreza, sería sin duda la “paciencia”.

¿Cómo es entonces que la pierda con tanta facilidad en otras situaciones?
Se me ocurre que tal vez, uno de los motivos podría ser la idea descabellada de que mientras “espero” no “laboro”, es decir mientras no puedo dedicar mi tiempo a nada productivo, entro en la sensación de “pérdida de tiempo”.

Si fuese así, estaría de nuevo saliéndome del vivir en presente lo que me sucede y al instalarme en el futuro (supuestamente productivo) compararía la situación y la real, la que estoy viviendo, quedaría minusvalorado y por ende la viviría como perjudicial y  de ahí la pérdida de la valiosa “ciencia de la paz”, o sea paciencia.

Una vez más, la mente, especialmente la programa, la que dejo que actúe sin conciencia, me empuja hacia el desprecio de lo que está sucediendo, presuponiendo e imaginando que existe otra situación mejor que la que estoy viviendo; sin embargo si sencillamente me entregase por completo, sin juicio, a lo que vivo, no habría posibilidad de frustración, simplemente estaría viviendo al completo el presente, extrayendo de él, sin apenas esperarlo mucho más de lo que en principio podría parecer. Si tomamos por ejemplo la fila de gente que espera para pagr en el supermercado, estando conectada totalmente con todo mi yo, podría observar lo que sucede en el entorno, como si todo fuese por primera vez, de hecho lo es; ya que nunca antes viví ese momento. El entorno, las personas, lo que percibo en su proximidad, los objetos, así cómo me siento yo misma allí.

Mª Dolors Pozo

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