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sábado, 28 de julio de 2012

Trabajo personal


Trabajo personal

Muchas personas que están en el camino del autodesarrollo, creen que el autoconocimiento viene a través de realizar cursos rimbombantes, en los que se asegura que practicamente la “iluminación” va a vernir por arte de magia. O que por la intervención de un llamado Maestro cualificado, van a ahorrarse la mayor parte del trabajo que supone convertirse en lo que “realmente somos”.

Inútiles del todo no van a ser, porque todo ayuda, pero el auténtico camino para el autoconocimiento viene de la interrelación con los demás y mejor en el día a día. Porque además, tampoco uno puede estar en perpetua “cursitis” o terapias desarroyables.

Podemos mirarnos en un espejo, y veremos solamente la mitad de nosotros, la otra, la de la retaguardia, no quedará expuesta. Esto es lo que sucede cuando queremos conocernos, únicamente a través de nuestra perspectiva.

En cambio, desarrollando la observación en el encuentro con los demás, ahí podemos vislumbrar, mediante la experiencia de la relación y a través de los ojos de nuestros congéneres, nuevas perspectivas propias, tanto en el sentido positivo como negativo. Son los otros los que van a hacernos de espejo de nuestras partes ocultas.

A veces, nuestro despiadado crítico interior, no nos permite contemplar la enorme luz que desprendemos, en cualidades que desconocemos.
Asi como nuestra parte autoindulgente, convencida de que somos practicamente como santos, impide que seamos capaces de descubrir el pinche negrero o Cruela de Veel que subyace bajo nuestra piel.

Son nuestros compañeros diarios de vida, los que a través de fricciones,  experiencias e intercambio, nos mostrarán minuto a minuto, nuestro proceso imparable de descubrimiento.

En todo lo que nos sucede, estamos involucrados nosotros, asumir que no somos víctimas inocentes  y que la culpa, sistemáticamente no es del otro, será el primer paso para la autorresponsabilidad.

A modo de guia:
¿Qué me está pasando con esta persona?
¿Qué siento y a qué se parece?
Y todo esto ¿Qué me está mostrando?

Eso si, luego será nuestra decisión personal y voluntad, la que tomará las riendas para reedecidir aquello que consideremos candidato a reconstruir.
Nuestro ego, quedará así al descubierto como corazón de cebolla, a la que se le habrá quitado una a una sus correspondientes capas. Y si...la mayoría de las veces, nos costarán lágrimas, igualito como cuando pelamos cebollas.

No es necesario mucho más…. ni mucho menos. Nadie dijo que fuese fácil.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Transcendencia en lo cotidiano


Decían los Maestros, “aquello que haces bien, es a lo que has venido hacer”… especialmente si te gusta hacerlo, añadiría yo.

Muchas veces nos empeñamos en buscar la quimera de un fin o un objetivo que se nos antoja atractivo, y sobretodo que estamos convencidos de que con su consecución, obtendremos el éxito y la gran piedra filosofal llamada Felicidad.

Un poquito erróneo, porque la verdadera felicidad consiste en el durante no el fín.

En mis ratos libres, me encanta elaborar multitudes de las llamadas “manualidades”, bien sea con aguja, ganchillo o pintar. Puedo asegurar que he disfrutado mucho más mientras las elaboraba, que contemplarlas a su finalización y eso me lleva a compararla con otros, digamos “objetivos” más importantes de la vida.

Hay otra reflexión que añadir y sería que aunque lo ignoremos, mientras hacemos aquello para lo que hemos sido, de alguna manera, dotados, porque sino no nos saldría bien, hay muchas otras cosas que suceden y de las que posiblemente seamos ajenos.

Como aquella preciosa anécdota de la abeja que estrae polen para fabricar miel, convencida (fantaseo yo) de que éste es su único objetivo, cuando en realidad, muy a su pesar, lo que en realidad está haciendo es fertilizar las maravillosas flores que visita.

De la misma manera, pienso, que tal vez si nos dedicáramos a transceder nuestras tareas, seamos capaces de descubrir, un listón mucho más alto que no “aparece” ante nuestros ojos, pero que alcanzamos sobradamente, mientras hacemos aquello con lo que de verdad disfrutamos, aunque aparentemente sea banal, irrelevante, rutinario, pero no por ello menos importante para este universo en el que participamos todos y en el que todos, todos somos útiles e iremplazables.

Y… a ti ¿Qué te gusta hacer?

Maria Dolors Pozo


sábado, 4 de junio de 2011

Va de cuentos


Cuando eras niño ¿Te gustaban los cuentos? ¿Puedes recordar tu preferido?
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Nuestro inconsciente almacena todo lo que hemos vivido desde nuestro nacimiento y algunos apuntan que hasta antes.

Los cuentos, en principio, sólo tenían el objetivo de distraer, divertir y desarrollar la imaginación de los niños. Hoy se sabe que sus metáforas han servido como arquetipos que hemos interiorizado, hasta el punto que siguen actuando en nosotros de manera inconsciente.

Nuestros gustos a la hora de elegir una historia, en nuestra infancia ya estaban mostrando muchas de nuestras preferencias en cuanto argumentación, desarrollo y desenlace de un relato. Posteriormente en la edad adulta, podría influenciar decisivamente en nuestro enfoque existencial.

Asi, si podemos recordar nuestro cuento favorito con su desenlace podremos darnos una idea de los mecanismos ocultos que pueden estar impulsándonos y contribuyendo al desarrollo de nuestro destino.

Te propongo un juego.

Recuerda tu cuento favorito.

El tema era:  ¿tragedia? ¿comedia? ¿aventura? ¿terror?

Hasta este momento, ¿Hay en tu vida alguna similitud con ese cuento?

Reflexiona…

¿Cómo afrontas la vida?

Eres el protagonista de tu historia personal. Asi como el personaje principal del cuento escogido.

¿La vives como héroe,?
¿Como víctima?
¿Cómo aventurero?
Tal vez con otro rol.

¿Qué le ocurre al protagonista de tu historia? (O sea, a ti)

Si lo que le ocurre no te parece satisfactorio:

¿Qué puede hacer el protagonista para cambiarlo?

Tal vez el cambio de rol mejoraría el final…


Si ya has identificado tu personaje de salida, piensa por un momento cómo seria el enfoque de tu vida desde otro rol.

Si el personaje de tu vida cambiara el tipo de rol:
 ¿en que se convertiría tu historia?...


Mi propuesta es únicamente una forma simple y sencilla de que tomes conciencia de actitudes o elecciones que pueden estar actuando en tu vida sin que te hayas dado cuenta.

Si descubres el rol con el que te mueves en la vida, sabrás el tipo de experiencias que atraes o buscas de manera inconsciente.

Asimismo si observas el rechazo a algún rol concreto, también podrás averiguar en qué medida el rol rechazado actúa en ti involuntariamente. Ya que todos los aspectos rechazados, están internalizados sin reconocimiento.

 
Y colorín colorado….

Maria Dolors

domingo, 29 de mayo de 2011

Dale la vuelta

Dale la vuelta

Cuando tenemos roces en nuestras relaciones, el que sale maltrecho es nuestro ego. Es la única parte de nosotros que puede ser vulnerada.

Lo más fácil, es huir del dolor y también de la relación que nos incomoda, pero si estamos en un camino de evolución personal o crecimiento, esa actitud no nos satisfará, al contrario, nos dejará una sensación inquieta como de que hemos dejado de hacer algo importante.
La sensación incómoda casi siempre se va a sentir en el plexo solar, con visos de cierta ansiedad.

Si se es muy mental, el calor en la cara y el enojo aparecerán con la clara llamada al orgullo herido.

Nadie puede dañarnos si nosotros no lo dejamos

Esta frase muy reptida en los temas de crecimiento personal, viene ahora ni que pintada.

¿Qué quiere decir exactamente?

Que somos nosotros los que dejamos que la emoción, actitud y palabras de los demás hagan mella en nuestro supuesto esquema de autovaloración.

Estamos dando más poder e importancia al otro, que a nuestro ser interno.

Veamos:
Si un niño se acercara a nosotros y nos insultara ¿Cómo reaccionaríamos?
Lo más probable es que o no le hiciéramos caso, o nos sonrieramos o sencillamente tal vez intentáramos conversar con él para averiguar cual era el motivo de sus palabras.

¿Qué ocurre cuando es un adulto y nos hace lo mismo?

Queremos a toda costa hacerle “tragar sus palabras” que rectifie “inmediatamente lo dicho” que “nos pida perdón por la ofensa recibida”

Si estamos verdaderamente conectados con nuestro ser, sin darnos a nosotros mismos ni más ni menos importancia de la que en realidad tenemos, las actitudes molestas de nuestros semejantes nos tienen que dejar de la misma manera que actuamos delante de un niño.

Las personas que actúan por reacción, no están viviendo verdaderamente desde su interior, sino que actúan al estímulo externo.

Bien sea a la alabanza como al insulto.

Mientras no seas capaz de vivir desde tu interior, “necesitarás” de esos estímulos para aprender a situarte en conexión directa contigo mismo.

La próxima vez que te encuentres con un adversario, comprende que es una oportunidad,
DALE LA VUELTA

Maria Dolors

viernes, 13 de mayo de 2011

Confusión




Confusión

La  confusión, es un estado incómo con sensación de desorientación de no saber exactamente ¿qué hacer? Es una circunstancia que aparece en momentos cruciales de nuestra vida.

No me refiero a la típica duda entre dos opciones. Me refiero al estado confusional delante de una situación, una vivencia o una relación.

La confusión aparece, cuando en nuestro intelecto existen varias opciones conocidas, a traves de las experiencias ya vividas, pero se intuye una o varias soluciones nuevas, todavía no elaboradas y por tanto sin  asimiladar por nuestro intelecto.

El primer paso es darse cuenta, de que se está confuso. Es una sensación desagradable,  sobretodo para aquellas personas acostumbradas a tomar decisiones rápidas.  

Causa un estado de falta de control absoluto de la situación y esto conlleva  ansiedad. En muchos casos, suele impeler a consultar con amigos o familiares, con el fin de conseguir una solución, sin que sus respuestas sirvan demasiado.
Y si lo hicieran impedirían un recurso natural que la confusión otorga para el desarrollo de nuevas capacidades.

Ninguna información externa, especialmente verbal, puede ayudar a clarificar un mecanismo natural en el hombre que sirve para incorporar nuevas herramientas de vida.

La confusión es una sensación que conviene explorar, a pesar de su incomodidad, si nos damos el tiempo suficiente para que se despeje como la bruma de un día otoñal, nos regalará el descubrimiento luminoso de una o varias opciones de las que de otro modo difícilmente se abrirían paso a través de nuestra capacidad cognitiva.

Si estás confuso, relájete, confía en el proceso y…. después disfruta de tus nuevos recursos.

Maria Dolors Pozo

domingo, 16 de enero de 2011

Incoherencias



Incoherencias

He observado en muchas ocasiones gestos, actitudes emocionales e incluso algún comentario  no correspondiente a la situación que se está viviendo.

Por ejemplo: en un encuentro con una vecina, que al parecer se “interesaba” por el estado de salud de mi esposo, tras una intervención quirúgica.Después de informarla de su estado y al hacer el intento de preguntarme cómo estaba yo con todo ello, sin que yo a penas hubiese abierto la boca, comentó con aire jocoso “ ¿Y tú, aguantando verdad?" Acompañándolo de una carcajada.

Creo que fue la primera vez en mi vida que fui capaz de preguntar directamente, qué es lo que le parecía tan gracioso ¿Mi aguante? O la intervención quirúrgica… o ¿qué?

La vecina, se quedó un tanto sorprendida e inmediatamente buscó la razón de su reacción sin encontrar una explicación lógica.
La única que le pareció aceptable, fue decirme que seguramente si ella estuviese viviendo mi experiencia, procuraría hacerlo con humor.
Un argumento sin peso y lo que es peor, con intento de “suplantación de mi vivencia” ya que nadie que no viva una experiencia puede suponer cómo sería vivirla, y mucho menos cómo lo vive otra persona.

Es un ejemplo vivido en primera persona, pero lo que quiero plantear aquí, es la cantidad de veces en las que nos vemos inmersos en conversaciones en las que nuestros interlocutores o tal vez nosotros mismos, las acompañamos de reacciones emocionales o gestos incoherentes.

En otra ocasión, encontré en la calle a una conocida, que estaba pasando por el proceso de una larga enfermedad. Me interesé por su estado y para mi sorpresa, me dio una larga explicación, acompañándola con una inmensa sonrisa en la boca.  ¿Acaso la hacía feliz estar enferma? Oh, se sentía feliz al poderla compartir… o ¿Cuál era el motivo de su expresión facial?

¿A qué se deben estas incoherencias?

Ante algo triste ¿sonreír?
Ante un buen logro ¿minusvalorar?
Ante un éxito ¿minimizar
Ante un obsequio, ¿bromear sobre su valor?
Entre otras muchas.

Y lo más importante, ¿Por qué no somos capaces de encarar?

Creo que sería realmente enriquecedor para todos, que ante una  actitud incoherente, preguntemos, con tranquilidad, sin carga emocional, el motivo de ésta.

La resolución de la incoherencia, aportará conexión profunda entre los interlocutores, ya que ambos podrán “darse cuenta” de la procedencia de ésta.

Maria Dolors Pozo



jueves, 6 de enero de 2011

Soledad



Seamos sociales o no; con una vida social intensa o parca, es decir tengamos la tendencia social que tengamos, invariablemente en algún momento de nuestra vida nos ha visitado la soledad o la sensación de sentirnos solos, aislados.

¿Cómo es que nos invade esta sensación?

En ocasiones coincide con una ruptura amorosa, y éste no es el caso. Se puede comprender perfectamente que después de una ruptura amorosa, se viva un completo duelo e incluso la sensación de total abandono. Esto es puntual. Pero la mayoría de las veces no es así. La mayoría de las veces el sentirse sól@ no tiene que ver con rupturas o con la cantidad de relaciones que sostengamos en nuestra vida, tiene que ver en cómo no relacionamos con estas.

Si estas pasando por uno de esos momentos, en los que te parece que nadie te comprende o que te sientes apartada del “mundo”, vale la pena que te detengas y te preguntes “¿a quién he apartado yo de mi vida?” , ¿Por qué? Y ¿Para qué?

A veces no somos conscientes de que nos apartamos de nuestros familiares, amigos o conocidos en busca de una perfección en las relaciones dejando de lado las “únicas” relaciones que por el momento tenemos, argumentando en nuestro interior que son relaciones de alguna manera “no aptas”. En realidad estamos proyectando nuestras deficiencias en los otros, sin tener en cuenta que “los demás” son perfectos. Están en su punto evolutivo personal y que es únicamente nuestra censura, crítica y falta de aceptación del otro lo que nos hace considerarlos “no aptos” para nosotros.

Este mecanismo actúa de forma muy sútil, pero implacable llevándonos inexorablemente a la sensación de soledad ya que de hecho lo que hacemos comportándonos de esta forma, es “aislarnos” apartándonos y sufrir en primera persona lo que en realidad estamos haciendo a los demás.

No hace falta argumentar mucho para comprender que detrás de esta actitud hay mucho orgullo, ya que si apartamos a los demás desdeñosamente, nos colocamos en una posición de ser “mejores” o “diferentes”, aunque a veces esté disfrazado de la sensación de sentirse “incomprendido” o del convencimiento de que será muy difícil encontrar a alguien con quien compartir nuestros sentimientos o inquietudes. Este comportamiento no sólo nos aisla sino que puede empujarnos a un camino que desembocará en una posible depresión.

Aislarnos ocasionalmente para reflexionar o sencillamente para reencontrarnos con nosotros mismos es aconsejable y recomendable, pero no ser capaces de relacionarnos sanamente con nuestro entorno es un síntoma inequívoco de que algo anda mal en nuestro interior.

¿De verdad somos tan diferentes de nuestros semejantes? Seguro que no.

María Dolors


miércoles, 24 de noviembre de 2010

Pensamientos obsesivos o repetitivos

Pensamientos obsesivos o repetitivos

¿Quién no ha vivido una situación en la que no se puede quitar de la cabeza una conversación mantenida con otra persona que  nos dejó insatisfechos?,
 
Entonces a solas, damos vueltas a la conversación y entramos en un diálogo interior en el que nos decimos: “tendríamos que haber dicho esto y aquello y lo demás allá”. En ocasiones nos recriminamos por habernos quedados bloqueados o incluso aparece cierta sensación de humillación por no haber “dado la talla”,… pero no conseguimos salir de ahí.

El motivo, es por que intentamos solucionar el problema utilizando lo mismo que lo ocasionó, no buscamos contemplar el suceso desde otra perspectiva,

Ante esta situación podemos preguntarnos: ¿Exactamente, que es lo que he dejado de manifestar? ¿A qué emoción o sentimiento corresponde? ¿Qué necesidad personal he obviado o relegado?

Un buena manera de intentar descifrar que se hay detrás de este comportamiento sería intentar recordar ocasiones similares en las que hemos reaccionado de la misma manera y comprobar que las situaciones se van repitiendo y casi siempre siguen un mismo patrón. Podrían corresponder a una falta de hábito en expresar nuestras necesidades o nuestros sentimientos y una tendencia a posponerlos o dar preponderancia al punto de vista contrario, muchas veces por un sentimiento escondido de falta de merecimiento. O tal vez a un aprendizaje hecho en la infancia en el que se nos instó a no confrontar, es decir a “agradar”, “obedecer” y  “dar la razón” y sería un “mensaje” interiorizado de no discutas: obedece, no preguntes, no pienses, tú no sabes nada, no te atrevas a ser tú, etc.

En nuestra vida adulta podemos repetir ese mismo patrón, olvidándonos de lo que sentimos y en muchas ocasiones cuestionándonos internamente si es “razonable” que nos sintamos de esa manera. Lo que sentimos no es ni razonable ni irracional, sencillamente ES. Y es importante que como primer paso, aceptemos la emoción que sintamos, sin cuestionarla o determinar que tal vez no sea “adecuada” o “a proporción”. Si la sentimos, tenemos todo el derecho a respetarla y manifestar que nos sentimos de esa manera. Asumiendo que es lo que sentimos nosotros ante lo que estamos experimentado, es decir sin recriminar la situación o las personas. Si no, que ante lo que se está vivenciando, uno se siente ASI.

Para poder expresar lo que sentimos es necesario e imprescindible que lo conozcamos, que sepamos como es nuestro mapa emocional qué tendencias emocionales tenemos. Tarea que se presenta difícil en una sociedad en la que se da preponderancia a la mente o pensamiento, dejando  el sentir, las emociones y los sentimientos relegados e ignorados; causando una auténtica ignorancia o confusión ante lo que realmente sentimos. Esto se pone especialmente de manifiesto en personas cuya educación fue sistemáticamente inhibidora de sus emociones a las que se le enseñó a obedecer o complacer a los progenitores o educadores sin tregua.

Retomando el enunciado: si en lugar de dar vueltas y “revivir” mentalmente la conversación, la vivencia o la situación que nos tiene “atrapados”, detuviéramos nuestros pensamientos y nos situáramos con las manos sobre el corazón, preguntándonos qué sentimiento, emoción o sensación omitimos en aquella vivencia, a buen seguro lo descubriremos exactamente. Obteniendo una herramienta inestimable para utilizarla en la próxima ocasión, rompiendo los patrones repetitivos y alcanzar a comportarnos con total libertad.

Poniendo luz en nuestra oscuridad interior iniciaremos el camino del equilibrio.

Maria Dolors Pozo

sábado, 20 de noviembre de 2010

Acerca de la envidia

Acerca de la envidia


Escuchaba atentamente a mi mejor amiga, contarme por enésima vez lo enfadada, furiosa y airada que estaba con su cuñada.

Todos los adjetivos que le dedicaban eran un ramillete de rayos y truenos, donde cualquier atributo positivo se convertía en su boca en cualquier cosa deleznable.
Total que cualquiera que la escuchase diría que la odiaba terriblemente.

Viendo el color rojo que estaba coloreando sus mejillas, me atreví con sumo cuidado a preguntarle, si no había alguna virtud o cualidad que la adornase.

-¡Qué dije! Los improperios fueron aún mayores hasta que consumiendo el fuego típico del enfado, fue calmándose hasta confesarme que realmente le dolía terriblemente que tuviese tanta suerte, un marido amantísimo, hijos inteligentes y un hogar de película…

-¡Ya! Le dije. –O sea ¿que le tienes una envida del tamaño de una catedral?

Ahora su cara se quedó lívida, abrió la boca y sus mejillas descenderieno unos milímetros en una mueca de estupor.
Le faltaba el aire y hasta tuve que darle unos golpecitos en la espalda.

-¡Tranquila, mujer! Respira hondo.
-No es para que ponerse así. Total, resulta que te mueres de amor por ella

-¡¿Qué? –gritó
-¡Créeme no la puedo ver!

-Me parece que no. Me parece que lo que te pasa es que la amas tanto que quisieras ser ella…

Otra vez, el color coloreó sus mejillas, pero esta vez de una tonalidad rosada.

Comprendí que estaba confundida, no sabía que pensar y eso era la señal inequívoca de que había dado en el blanco.

Mira, tranquilízate y piensa detenidamente en todo lo que te gustaría tener de ella, pero esta vez no te quedes en lo material. Piensa en los aspectos de su personalidad, en sus virtudes, habilidades, etc.

….

-¿Las tienes claras?

-…si…

Dime, todas esas cualidades son admiradas por ti, ¿verdad?
-Pues si…

Entonces, que yo sepa, solemos admirar y desear para nosotros todo lo que consideramos lo mejor, lo más preciado, lo bello, lo bondadoso…. Y eso es un tipo de amor, porque generalmente, deseamos para nosotros lo mejor…

-Tienes envidia de tu cuñada, porque la ves estimable, digna de amor…. O sea la amas

-¿Lo comprendes ahora?

Mi amiga seguía confundida pero los rasgos de su cara se iban relajando y casi esbozó una suave sonrisa, al tiempo que un destello brilló en sus ojos.

-Creo que entiendo a lo que te refieres. La veo tan brillante, tan genial que me molesta no ser como ella…
¿es eso?

-Si… algo así, pero hay más.

-¿Qué?

Te enfada la idea de que tu careces de esas cualidades y eso también es un error de planteamiento.

-Pero… si es verdad, yo no se cocinar como ella…, por ejemplo.

-Como ella, no, pero sabes cocinar como tú misma y eso es suficiente.

No podemos ser como otro, pero podemos ser completamente como nosotros mismos, especialmente si nos centramos en potenciar y mejorar nuestras propias habilidades, en lugar de envidiar, criticar o rebajar las de aquellos seres que por la razón que sea las han desarrollado “antes” que nosotros. Además el intento de disminuir al otro, no hará de ninguna manera que nosotros “aumentemos” en ningún sentido.

También podemos ser conscientes de que “deseamos” ardientemente esas cualidades y ponernos en marcha para conseguirlas.

Y aún hay más…. Y esto es lo mejor de todo, podemos alegrarnos de compartir nuestra existencia con seres que son como faros en nuestras vidas, marcándonos el camino que deseamos tomar y sentir en nuestro interior que nos pertenecen y les pertenecemos, que en realidad no hay ninguna separación entre ellos y nosotros.

Es la creencia  de ser seres independientes la que nos hace falsamente creer que estamos carentes de las cualidades que tanto amamos y deseamos, teniendo en cuenta que desde el momento que las deseamos, ya están en nuestro interior
como cualidades, eso sí todavía por desarrollar completamente. Nos tocará, entonces,  en cuanto a la personalidad, ponernos en marcha para ir desarrollándolas hasta convertirlas en una realidad patente en nuestras vidas.

-Bueno, ¿Qué tal tu enfado?
-¿Sabes una cosa? Se ¡esfumó!

 Maria Dolors Pozo








miércoles, 17 de noviembre de 2010

Automatismos


En un encuentro entre amigas, una cena, me di cuenta de la cantidad de cosas que hacemos automáticamente, por imitación y con ausencia absoluta de conciencia.

Una de las participantes prefirió una tortilla francesa, en lugar de la comida que entre todas habíamos elaborado.
La anfitriona se dispuso a cocinarla y para ello extrajo del compartimento de las sartenes, la que ella solía utilizar para este plato.

Observé con asombro que la sartén en cuestión, era exageradamente grande para una simple tortilla a la francesa, y le pregunté a mi amiga el motivo de utilizar un utensilio tan grande para tan exiguo plato.

Sin inmutarse, me contestó que era la sartén que solía utilizar para las tortillas. Insistí preguntando si también para las tortillas de un solo huevo.

Mi amiga interrumpió la preparación del plato para inquirirme a qué se debía  mi sorpresa.

Le dije  que tenía a su disposición varias sartenes, entre ellas, una de menor tamaño, más idónea para la tortilla.

Visiblemente contrariada, mi amiga me respondió que “esa era la sartén de las tortillas”.

No era mi intención iniciar una discusión absurda sobre las preferencias de las sartenes, pero no acababa de comprender el motivo “real” de esa decisión.

Finalmente, mi amiga, dándose  cuenta de que había algo de lógica en mi observación, reflexionó un momento y me explicó que sencillamente había copiado la costumbre de su madre de utilizar una sartén grande para hacer tortillas.

Ante mi silencio, ella misma llegó a la conclusión:

“¿Sabes?, acabo de comprender que mi madre tenía una sola sartén en la cocina”
-      Pero, ese no es tu caso ¿verdad? - Le dije

La manera de colocar los utensilios de cocina, en el baño o incluso en el armario ropero, suele estar impregnado de aprendizajes infantiles que jamás fueron cuestionados, lo mismo que otras actitudes que nos cuesta cambiar por estar incluidas de manera inamovible en nuestra vida.

Prestar atención a la forma en que nos manejamos en lo cotidiano, nos puede proporcionar una comprensión profunda de la cantidad de hábitos que sencillamente, jamás cuestionamos y que podemos desbaratar, reciclar, mejorar o incluso cambiar completamente en cuanto seamos conscientes.

Lo mismo ocurre en nuestra forma de pensar

¿Cuántos planteamientos  de vida son realmente genuinamente nuestros?

Maria Dolors Pozo