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domingo, 27 de noviembre de 2011

Oscuridad



“Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba” Principio de Correspondencia de Hermes Trimegisto en los siete Principios Herméticos.

Digo yo, que siendo así, lo mismo debe ser cuando uno siente que está sumido en la más densa oscuridad, y me refiero, a la sensación de estar atrapado o de que se está viviendo un momento existencial sin aparente “salida”.

La sensación de oscuridad, metaforicamente hablando, es tan sólo una idea y una sensación exagerada de impotencia.

La impotencia es la sensación de que no somos capaces por nosotros mismos, de hallar una salida o solución para resolver el atolladero o el problema vital en el que estamos sumergidos.

Si la oscuridad total es inexiste en el Universo, tampoco existe el problema sin solución o la salida imposible a la oscuridad, y parte de esa salida consiste en aceptar internamente que existe, que está…, sólo que todavía la propia sensación insuperable, impide percibirla, sólo relajarse aceptando que la incapacidad es momentánea y transitoria para vislumbrarla, añadiendo la confianza interior en la ayuda espiritual,  permitirá que luz, o las posibles soluciones, se abran paso, a través de nuestro inconsciente o del inconsciete colectivo al que estamos conectados.

Se, por propia experiencia, la angustia que provoca sentir que estamos en manos del destino y sin aparente control por nuestra parte, por que lo más probable es que nos enfrentamos a un problema nuevo y nuestros recursos limitados a las soluciones utilizadas en otras tribulaciones, aquí no son viables.

Las turbulencias emocionales y el extrujamiento mental, no harán más que agravar la sensación desagrdable, tan sólo la paz interior a través de respiraciones profundas, y repetir internamente un mantra como “yo puedo contemplar este problema desde otra perspectiva” o cualquier otro que permita la apertura, para después iniciar una meditación o si no se es ducho en ella, sencillamente procurar ensalivar bien la boca y…esperar.

¡La luz aparecerá!
 Mª Dolors Pozo


viernes, 13 de mayo de 2011

Confusión




Confusión

La  confusión, es un estado incómo con sensación de desorientación de no saber exactamente ¿qué hacer? Es una circunstancia que aparece en momentos cruciales de nuestra vida.

No me refiero a la típica duda entre dos opciones. Me refiero al estado confusional delante de una situación, una vivencia o una relación.

La confusión aparece, cuando en nuestro intelecto existen varias opciones conocidas, a traves de las experiencias ya vividas, pero se intuye una o varias soluciones nuevas, todavía no elaboradas y por tanto sin  asimiladar por nuestro intelecto.

El primer paso es darse cuenta, de que se está confuso. Es una sensación desagradable,  sobretodo para aquellas personas acostumbradas a tomar decisiones rápidas.  

Causa un estado de falta de control absoluto de la situación y esto conlleva  ansiedad. En muchos casos, suele impeler a consultar con amigos o familiares, con el fin de conseguir una solución, sin que sus respuestas sirvan demasiado.
Y si lo hicieran impedirían un recurso natural que la confusión otorga para el desarrollo de nuevas capacidades.

Ninguna información externa, especialmente verbal, puede ayudar a clarificar un mecanismo natural en el hombre que sirve para incorporar nuevas herramientas de vida.

La confusión es una sensación que conviene explorar, a pesar de su incomodidad, si nos damos el tiempo suficiente para que se despeje como la bruma de un día otoñal, nos regalará el descubrimiento luminoso de una o varias opciones de las que de otro modo difícilmente se abrirían paso a través de nuestra capacidad cognitiva.

Si estás confuso, relájete, confía en el proceso y…. después disfruta de tus nuevos recursos.

Maria Dolors Pozo

domingo, 24 de octubre de 2010

Los dones de los problemas



LOS DONES DE LOS PROBLEMAS

Todo el que esté interesado en el autodesarrollo personal o caminando hacia la búsqueda interior, sabe bien, que en multitud de libros, se aboga por apreciar el beneficio que nos aportan los problema o dificultades de la vida y la importancia de profundizar en todo aquello que nos incomoda.

En este sentido la sabiduría popular nos hecha una mano en el dicho popular:  “No hay mal que por bien no venga”.

Lo que ocurre es que muchas veces la persona que vivencia situaciones duras o difíciles, le cuesta darse cuenta o comprender cual es la ventaja de lo que esta viviendo.  ¿Dónde está el beneficio? Se pregunta perpleja. “Si lo estoy  pasándolo fatal”, suele decirse a sí misma.

La dificultad en comprender los dones que traen “debajo del brazo” los problemas del cada día, se pueden clarificar si distanciándonos del problema o situación conflictiva, nos preguntamos:

 ¿Qué cualidad me está obligando a desarrollar esta situación?,

Las cualidades siempre son la parte positiva de un defecto. Así si lo que vivimos nos empuja a tranquilizarnos, a esperar… es fácil adivinar que la cualidad es la Paciencia.

Si por el contrario la situación vivida nos enfrenta a tener que reclamar nuestros derechos en una situación que se nos antoja atemorizante, la cualidad sería la Valentía o superación del miedo.

Y de este modo la contrariedad escondería flexibilidad… etc.

Teniendo en cuenta que en muchas ocasiones no se tratará únicamente de una cualidad sino varias que se mezclan o interaccionan a la vez. La ayuda vendrá cuando anotemos todas las cualidades que descifremos nos pidiendo la situación.

Más tarde podremos efectuar una criba de menor a mayor cualidad, acabando seguramente en una o dos básicas.


Maria Dolors Pozo
Terapeuta Gestáltica y Floral

lunes, 18 de octubre de 2010

No te sientas mal por sentirte mal.

No te sientas mal, por sentirte mal.


La sociedad actual promueve de forma casi compulsiva a estar permanentemente en un estado "euforia" o bienestar emocional, casi a toda costa. Esta compulsión puede hacernos huir de manera inconsciente de momentos en los que "tocamos fondo", calificándolos de nagativos y por supuesto como desagradables. Suele ocurrir que si compartimos con un familiar o amigo, esta sensación de estar "bajos", semidepresivos o tristes, nos aconsejen buscar rápidamente una salida, mediante alguna actividad para despejar ese momento, para "tapar" o evitar la sensación incómoda, o en el peor de los casos mediante la ingesta de productos que en nada pueden beneficiar.

Huir de nuestros momentos de tristeza, de las emociones grises, nos priva de la posibilidad de

contactar profundamente con nuestras necesidades olvidadas, y por tanto con posibilidad de revisar los aspectos, que tal vez no estén marchando del todo bien en nuestra vida y que necesitan una revisión, rectificación o actualización.

Somos un pequeño universo que se sirve de ciclos naturales, al igual que los ciclos de la naturaleza: el día y la noche, o de las estaciones, para que también circulemos por los momentos de "noche" o "invierno" emocional. Momentos en los que si somos capaces de vivenciar y traspasar, a buen seguro nos aportarán un descubrimiento y conocimiento más profundo de nosotros mismos.

De la misma manera que no podemos pretender que luzca siempre el sol, tampoco se puede forzar nuestra naturaleza para que siempre permanezca en el mismo estado, bien sea el de la alegría o el de la tristeza, ya que situarse siempre en uno de los dos, correspondería a un desequilibrio.

En los momentos bajos, puede surgir un crisis de crecimiento. Transitarla no tiene que ser necesariamente en solitario o sin ayuda, ya que si se considera oportuno, se puede recurrir, por ejemplo: a esencias florales para paliar la angustia que suele acompañar estos periodos o iniciar una terapia humanista que ayude a integrarlas.

En el recorrido de la existencia es muy positivo que transitemos con fe, paciencia y amor, por esos momentos de oscuridad del que sin duda, resurgiremos renacidos y con mayor sabiduría y fuerza.


Mª Dolors Pozo

Terapeuta Gestáltica