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sábado, 28 de julio de 2012

Trabajo personal


Trabajo personal

Muchas personas que están en el camino del autodesarrollo, creen que el autoconocimiento viene a través de realizar cursos rimbombantes, en los que se asegura que practicamente la “iluminación” va a vernir por arte de magia. O que por la intervención de un llamado Maestro cualificado, van a ahorrarse la mayor parte del trabajo que supone convertirse en lo que “realmente somos”.

Inútiles del todo no van a ser, porque todo ayuda, pero el auténtico camino para el autoconocimiento viene de la interrelación con los demás y mejor en el día a día. Porque además, tampoco uno puede estar en perpetua “cursitis” o terapias desarroyables.

Podemos mirarnos en un espejo, y veremos solamente la mitad de nosotros, la otra, la de la retaguardia, no quedará expuesta. Esto es lo que sucede cuando queremos conocernos, únicamente a través de nuestra perspectiva.

En cambio, desarrollando la observación en el encuentro con los demás, ahí podemos vislumbrar, mediante la experiencia de la relación y a través de los ojos de nuestros congéneres, nuevas perspectivas propias, tanto en el sentido positivo como negativo. Son los otros los que van a hacernos de espejo de nuestras partes ocultas.

A veces, nuestro despiadado crítico interior, no nos permite contemplar la enorme luz que desprendemos, en cualidades que desconocemos.
Asi como nuestra parte autoindulgente, convencida de que somos practicamente como santos, impide que seamos capaces de descubrir el pinche negrero o Cruela de Veel que subyace bajo nuestra piel.

Son nuestros compañeros diarios de vida, los que a través de fricciones,  experiencias e intercambio, nos mostrarán minuto a minuto, nuestro proceso imparable de descubrimiento.

En todo lo que nos sucede, estamos involucrados nosotros, asumir que no somos víctimas inocentes  y que la culpa, sistemáticamente no es del otro, será el primer paso para la autorresponsabilidad.

A modo de guia:
¿Qué me está pasando con esta persona?
¿Qué siento y a qué se parece?
Y todo esto ¿Qué me está mostrando?

Eso si, luego será nuestra decisión personal y voluntad, la que tomará las riendas para reedecidir aquello que consideremos candidato a reconstruir.
Nuestro ego, quedará así al descubierto como corazón de cebolla, a la que se le habrá quitado una a una sus correspondientes capas. Y si...la mayoría de las veces, nos costarán lágrimas, igualito como cuando pelamos cebollas.

No es necesario mucho más…. ni mucho menos. Nadie dijo que fuese fácil.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Reparación


REPARACION

Quién pude afirmar que no ha sido alguna vez agraviado, traicionado o de alguna manera perjudicado. Supongo que todos y cada uno de nosotros.

Asimismo también nosotros hemos perjudicado en algún momento de nuestras vidas, a algún semejante.

Generalmente, la mayoría de las veces, son actos involuntarios en el sentido de que no son premeditados. Surgen de actuaciones automáticas, o que funcionaron desde nuestra niñez, como mecanismos de defensa.

Pero el caso es que suceden, dañamos y también somos dañados.

El tema que propongo aquí, no es tanto analizar la forma en que perjudicamos a otros, sino la oportunidad de plantearnos algo que tal vez, no cuestionamos, dejando el daño causado …ahí pendiente, sin reparación.

Para que una afrenta quede definitivamente saldada, no basta con el perdón del perjudicado, únicamente con él, seguirá quedando pendiente, es necesario para su cancelación total una reparación que a modo de “canje” anule la acción dañina.

La forma de reparación tiene que ser ofertada por el perjudicado: “si quieres que me olvide de esto, necesito…..” y aquí cada cual que complete lo que le gustaría.

Y no basta con el reconocimiento de la falta y solicitar el perdón. Falta la reparación.

El posicionarse en “es igual, te perdono”, es una actitud en la que lo más probable es que el ofendido esgrimirá en la ocasión oportuna, un: “tú me hiciste esto o aquello”. En cambio si se está dispuesto realmente a “cancelar” se le puede dar la oportunidad al otro de reparar el daño causado.
El qué, cómo y dónde únicamente lo podrá decidir, como ya he dicho, el perjudicado.

Si el perjudicado, renuncia a la reparación, obedecerá seguramente a una falsa generosidad, que tarde o temprano deseará canjear y no de manera directa, o sea a través de juegos psicológicos, en los que entrará el juego el papel de víctima y verdugo.



También, hay que reparar el daño causado a personas que ya no están en nuestro plano, es decir fallecidas. Ellas no podrán solicitar lo que desean, pero nosotros podemos echar mano de nuestra imaginación y nuestro deseo profundo, para encontrar el ritual adecuado o beneficiar de algún modo a sus hederos, siempre en nombre del finado.

¿Has pensado ya en lo que tienes pendiente de reparar?

Maria Dolors Pozo

domingo, 29 de mayo de 2011

Dale la vuelta

Dale la vuelta

Cuando tenemos roces en nuestras relaciones, el que sale maltrecho es nuestro ego. Es la única parte de nosotros que puede ser vulnerada.

Lo más fácil, es huir del dolor y también de la relación que nos incomoda, pero si estamos en un camino de evolución personal o crecimiento, esa actitud no nos satisfará, al contrario, nos dejará una sensación inquieta como de que hemos dejado de hacer algo importante.
La sensación incómoda casi siempre se va a sentir en el plexo solar, con visos de cierta ansiedad.

Si se es muy mental, el calor en la cara y el enojo aparecerán con la clara llamada al orgullo herido.

Nadie puede dañarnos si nosotros no lo dejamos

Esta frase muy reptida en los temas de crecimiento personal, viene ahora ni que pintada.

¿Qué quiere decir exactamente?

Que somos nosotros los que dejamos que la emoción, actitud y palabras de los demás hagan mella en nuestro supuesto esquema de autovaloración.

Estamos dando más poder e importancia al otro, que a nuestro ser interno.

Veamos:
Si un niño se acercara a nosotros y nos insultara ¿Cómo reaccionaríamos?
Lo más probable es que o no le hiciéramos caso, o nos sonrieramos o sencillamente tal vez intentáramos conversar con él para averiguar cual era el motivo de sus palabras.

¿Qué ocurre cuando es un adulto y nos hace lo mismo?

Queremos a toda costa hacerle “tragar sus palabras” que rectifie “inmediatamente lo dicho” que “nos pida perdón por la ofensa recibida”

Si estamos verdaderamente conectados con nuestro ser, sin darnos a nosotros mismos ni más ni menos importancia de la que en realidad tenemos, las actitudes molestas de nuestros semejantes nos tienen que dejar de la misma manera que actuamos delante de un niño.

Las personas que actúan por reacción, no están viviendo verdaderamente desde su interior, sino que actúan al estímulo externo.

Bien sea a la alabanza como al insulto.

Mientras no seas capaz de vivir desde tu interior, “necesitarás” de esos estímulos para aprender a situarte en conexión directa contigo mismo.

La próxima vez que te encuentres con un adversario, comprende que es una oportunidad,
DALE LA VUELTA

Maria Dolors

domingo, 10 de abril de 2011

Sencillamente escuchar...


Sencillamente escuchar…

Seguro que todos nos hemos encontrado en situaciones en las que familiares o amigos están viviendo situaciones dolorosas, bien por enfermedad, abandonos, divorcios o problemas que la vida cotidiana aporta.

También he observado que cuando alguien relata la situación dolorosa por la que está pasando, automáticamente la persona que participa de la conversación, trae a colación su propia vivencia parecida. Asi, si es de enfermedad, a continuación relata sus propias enfermedades o la de algún pariente y si no de un conocido, que probablemente es totalmente desconocido para el que está contando su historia.

Si el tema es sobre divorcios, posiblemente actuará de igual modo, a continuación relatará que el cuñado, la amiga o la vecina del tercero, ¡también se ha divorciado!

Lo más probable es que el  motivo de esta actitud, es la total ignorancia de saber cómo manejar lo que está escuchando, en el mejor de los casos con total inocencia.

Pero lo que es seguro es que la persona que se acerca en busca de algún tipo de consuelo se encuentra totalmente desplazada ante las explicaciones del otro, la mayoría de las veces acontencidas hace tiempo y lo que es peor de terceras personas que no están en la conversación y que por tanto ni siquiera pueden aportar sus experiencias.

Cuando no hay espacio para el tu, inmediatamente incluimos el yo y si no, los otros.

Esta también sería una explicación.

Aunque me inclino por la ignorancia de saber ayudar.

¿Qué es lo que nos está pidiendo quien nos participa de sus angustias?
Sencillamente: que lo escuchemos. Que le regalemos nuestra atención.
Nada más.

No es necesario argumentar vivencias o información sobre el tema.
Tampoco los consejos, a menos que explícitamente se pidan.
Mucho menos falsas esperanzas.

El que acude a nosotros para compartir sus preocupaciones y relajar su ansiedad, única y exclusivamente necesita Escucha y atención.

Algo tan simple y a veces tan difícil de hacer.

Si dudas de esto, pregúntate que buscabas en tu interlocutor, cuando estabas relatando una situación difícil…..

Si te dieron consejos ¿pusiste en práctica alguno?
Acaso… ¿los recuerdas?

Maria Dolors Pozo








sábado, 5 de febrero de 2011

Responsabilidad en internet

Responsabilidad en internet


Esta palabra ya de por sí, nos pone serios ¿verdad? ¡uy! Y ¿De que va ahora?, tranqui, respira, tan solo es una reflexión.

Estás leyendo esto en internet y es de este medio del que quiero escribir.
Hay tanta y tanta información que nos aturde y que la mayoría de las veces, solemos pasarla a otro sin deternernos a reflexionar si eso que vamos a reenviar es cierto y está comprobado.

Recuerdo que hace unos años, cuando lo único que habia era la radio, se radiaban los seriales o radionovelas, lo que actualmente se está viendo en televisión.

En aquella época, me sorprendía escuchar conversaciones sobre los locutores de las radionovelas, entre las amas de casa seguidoras acérrimas y leales de sus novelas. En las charlas vecinales, se llegaba a discutir el futuro de los personajes, como si éstos fuesen de verdad y de ahí se pasó a creer firmemente lo que decía “la radio”.

Después la televisión tomó el testigo, ante cualquier invento raro, o artilugio o descubrimiento dudoso, se apresuraban a alegar en tono seguro y firme “lo han dado en la tele”. ¡Ya está, sentencia de juez!

Y ahora…, ahora pasa lo mismo, pero esta vez es en internet. Y además con anonimato y alevosía.

Los que llevamos años en esto, sabemos sobradamente que la niña que necesitaba un riñón era tan bulo como la carta que si reenvias tendrás una agradable sorpresa (la de que no pasa nada en absoluto).

Esas al menos, las cadenas, digo, son únicamente un medio de conseguir correos para posteriormente acribillarnos a spam. Pero siguen siendo inofensivas.

A los envios que me quiero referir son a esos en los que se asegura (sin ningún tipo de comprobación científica, ni organización seria que lo avale) que determinada frutas, plantas, pastillas o tubérculos del Tibet, o de donde sea, curan gravísimas enfermedades, léase las que más pavor despiertan.

Esos envios, casi siempre en presentación de power point, son en si mismos el envio más perjudicial, sobretodo para las álmas angustiadas por estar cursando estas enfermedades o sus familias ansiosos por ayudarles.

¿Qué no estarían dispuestos a creer para poder hallar mejoría o sanación a sus males?

Pero… el que los envía sin pararse a analizar o comprobar su veracidad, está desatendiendo su responsabilidad, está amparándose en que otro se lo envió y “seguro que viniendo de fulanito, es cierto” Igualito que a fulanito se lo reenvio un contacto encantador de facebook. Vale, ellos lo han recibido…pero la decisión de reenviarla de nuevo es únicamente tuya.

La mayoría de los usuarios, piensan que posiblemente es verdad y por si acaso ¡clic! Ya lo mandaron… así sin más.

Y así sin más, se difama una medicina que ha salvado millones de vida con los antibióticos, la insulina, las vacunas varias, etc. No creo que sea necesario enumerar las ingentes medicinas elaboradas durante años por personas que se quemaron las pestañas (literalmente) en las largas noches de laboratorio.

Para pretender que los espárragos (recibí este mensaje hace unos meses) curaban el cáncer. O la guayaba…
Al que me lo envió, desde aquí, le invito a que cuando le duela una muela cariada ¡que se coma una papaya! (seguro que correrá a tomarse un nolotil).

La responsabilidad es la consecuencia de la madurez, de la conciencia y coherencia.

Seamos responsables, utilicemos este medio tan versátil para difundir la verdad. No permitamos que el anonimato de una pantalla, anule nuestra facultad de discernir y por lo menos antes de cliquear el reenvio de uno de esos “maravillosos” remedios, tomémonos la molestia de hacer una buena búsqueda en el famoso google. Al menos habremos hecho el intento de comprobarlo y si al final, no estais seguros, ante la duda, el ya famoso “abstente”.


Maria Dolors

jueves, 27 de enero de 2011

Relajarse para rendir más


Relajarse para rendir más

Una  de mis diversiones favoritas es observar a los gatos, por suerte tengo a mi alrededor unos 6 y a veces hasta 8, no es que vivan conmigo, pero digamos que son visitantes habituales de mi jardín. ¿Os habéis fijado cómo cazan? Pueden estar horas completamente relajados, acechando y sin perder de vista  su presa y en cuanto Ésta da señales de vida tensan su cuerpo en la justa medida para el ataque. Pero entretanto, controlan y administran su tensión sin malgastar energía.

De eso quisiera hablar, de las tensiones a las que sometemos nuestro cuerpo y mente, la mayoría de las veces de forma totalmente innecesaria y lo que es peor inútilmente! Cuando tensamos todo nuestra masa muscular a causa de estrés o de situaciones que nos ponen en situación de alerta, sometemos a nuestro cuerpo a un desgaste considerable de energía, amén de una aceleración de los latidos del corazón con el consiguiente perjuicio para el mismo, sin conseguir que esta tensión nos sirva para disponer de más atención, más rapidez mental, ni más capacidad defensiva, claro está si no estamos en una situación de emergencia física, como pudiera ser un atraco o cualquier tipo de accidente con riesgo físico, que no es el caso. Me refiero a las situaciones cotidianas de nuestra vida actual, porque evidentemente nosotros ya no cazamos para comer. Sin embargo hemos heredado esta tendencia y actitud del pasado, como si nos fuera útil en nuestro mundo actual.



Esta mañana he recibido una llamada telefónica de alguien que deseaba convencerme de algo en lo que estoy completamente en desacuerdo, he observado que al principio no sólo me he puesto tensa, sino que empezaba a enfadarme a causa de la ansiedad que en forma de respiración alta, rápida y superficial me atenazaba; en cuanto me he dado cuanta, me he tomado unos segundos para retomar mi respiración y hacerla más profunda y lenta (he aprovechado que mi interlocutor seguía hablando sin parar) y he comprendido que la persona en cuestión no era un enemigo, ni nadie que me fuese agredir con un arma, simplemente era una persona que intentaba con toda su capacidad dialéctica y de convicción, llevarme a su terreno y convencerme.

En cuanto me he tranquilizado, he hecho lo que hacen los gatos, relajarme pero con toda mi atención puesta en cada una de las palabras que me decía, ocasionalmente emitía alguna pregunta, lo que me daba la oportunidad de seguir escuchando y dejar que el otro me fuese dando información valiosísima para confirmar, en este caso, todavía más si cabía, mi postura ante el tema.

Respetando en todo momento el punto de vista del interlocutor, he ido repitiendo y repitiendo que “comprendía su punto de vista” pero no lo “compartía”. Finalmente nos hemos despedido cortésmente y “cada uno con la suya”

Os invito a que la próxima vez que os encostréis en una situación confrontativa o de discusión, probéis a relajaros, centraros en lo posible en la respiración, y escuchéis más a vuestro oponente (hablando menos, ganáis más tiempo para pensar) seguro que sacareis conclusiones más esclarecedoras y podréis rebatir, rechazar o sencillamente expresar vuestra postura con toda la tranquilidad, discernimiento y serenidad a vuestro alcance.


 Maria Dolors









domingo, 16 de enero de 2011

Incoherencias



Incoherencias

He observado en muchas ocasiones gestos, actitudes emocionales e incluso algún comentario  no correspondiente a la situación que se está viviendo.

Por ejemplo: en un encuentro con una vecina, que al parecer se “interesaba” por el estado de salud de mi esposo, tras una intervención quirúgica.Después de informarla de su estado y al hacer el intento de preguntarme cómo estaba yo con todo ello, sin que yo a penas hubiese abierto la boca, comentó con aire jocoso “ ¿Y tú, aguantando verdad?" Acompañándolo de una carcajada.

Creo que fue la primera vez en mi vida que fui capaz de preguntar directamente, qué es lo que le parecía tan gracioso ¿Mi aguante? O la intervención quirúrgica… o ¿qué?

La vecina, se quedó un tanto sorprendida e inmediatamente buscó la razón de su reacción sin encontrar una explicación lógica.
La única que le pareció aceptable, fue decirme que seguramente si ella estuviese viviendo mi experiencia, procuraría hacerlo con humor.
Un argumento sin peso y lo que es peor, con intento de “suplantación de mi vivencia” ya que nadie que no viva una experiencia puede suponer cómo sería vivirla, y mucho menos cómo lo vive otra persona.

Es un ejemplo vivido en primera persona, pero lo que quiero plantear aquí, es la cantidad de veces en las que nos vemos inmersos en conversaciones en las que nuestros interlocutores o tal vez nosotros mismos, las acompañamos de reacciones emocionales o gestos incoherentes.

En otra ocasión, encontré en la calle a una conocida, que estaba pasando por el proceso de una larga enfermedad. Me interesé por su estado y para mi sorpresa, me dio una larga explicación, acompañándola con una inmensa sonrisa en la boca.  ¿Acaso la hacía feliz estar enferma? Oh, se sentía feliz al poderla compartir… o ¿Cuál era el motivo de su expresión facial?

¿A qué se deben estas incoherencias?

Ante algo triste ¿sonreír?
Ante un buen logro ¿minusvalorar?
Ante un éxito ¿minimizar
Ante un obsequio, ¿bromear sobre su valor?
Entre otras muchas.

Y lo más importante, ¿Por qué no somos capaces de encarar?

Creo que sería realmente enriquecedor para todos, que ante una  actitud incoherente, preguntemos, con tranquilidad, sin carga emocional, el motivo de ésta.

La resolución de la incoherencia, aportará conexión profunda entre los interlocutores, ya que ambos podrán “darse cuenta” de la procedencia de ésta.

Maria Dolors Pozo



lunes, 3 de enero de 2011

La necesidad de exagerar

La necesidad de exagerar

¿Se han dado cuenta de la tendencia de algunas personas de exagerar sus emociones, sentimientos o grados de relación interpersonal?

Asi, cuando se están refiriendo a alguien que visiblemente conocen de pasada, pertinazmente, suele decir “somos muy amigos”. ¿Qué se pretende con esto? ¿Hacer creer al otro una amistad inexistente? O tal vez obecede a afirmar lo que le gustaría que fuese, aunque tan sólo sea para impresionar a su interlocurtor. Porque el que afirma este grado de relación, “sabe” perfectamente cual es la realidad.

A mi me parece que la necesidad de exagerar el grado de relación o el ir insistiendo mucho en el cariño o amor que se le tiene a alguien, suele venir de personas que tienen cierta dificultad en “sentir” y para poder contactar con sus auténticos sentimientos, los exageran, los realzan, incluso se atribuyen grados de parentescos inexistentes como “somos como hermanos” o “te quiero como a una hija/o”. etc

Me pregunto, entonces, a sus familiares más directos o allegados ¿Qué les dirán? Te quiero como a Dios… o ¿cómo los quieren?

Está claro que no hay ninguna mala intención en estas actitudes, únicamente a fuerza de utilizar verbalmente las demostraciones afectivas, con personas por las que realmente no “sienten” tanto afecto. Cuando se enfrentan ante otras por las que tal vez,  sientan por ellas más cariño, tienen que exagerar sus demostraciones para que sean creibles (especialmente para si mismas)

Hay muchas personas que tienen dificultades a la hora de expresar emociones o demostraciones afectivas y precissamente suelen ser las que tienen mucho más contacto interior con el sentir. A estas tal vez les vendría bien “exagerar” un poquitín para soltarse en las demostraciones.

En cambio a los emocionales, a los que se sienten compulsados a “elevar la nota”. A estos les vendría bien tomarse un tiempo, centrarse en la zona del corazón y dejarse sentir en profundidad, para detectar claramente el grado de la emoción que sienten y posteriormente expresarla, intentando ajustarse más a lo que realmente sienten.

Mª Dolors Pozo

sábado, 6 de noviembre de 2010

Pensar bien, pensar mal

Pensar bien, pensar mal.


El otro día conversando con una amiga,  me contaba que estaba sorprendida porque no podía contactar con un familiar y empezó a explicar que lo más probable es que no quisiera ponerse al teléfono, o que tal vez le hubiera pasado algo terrible, et. Le pregunté cual era la razón de pensar en cosas tan dramáticas y si se había planteado que tal vez estaba muy ocupado o sencillamente deseaba aislarse una temporada sin que eso significase ruptura u olvido. Mi amiga insistía en que eso no era posible, y añadía un sin fin de argumentos que más parecían tema para una novela que algo posible.

Después de este encuentro. caí en la cuenta de la tendencia que tenemos a veces de pensar en el lado malo de las cosas,  de adivinar las “malas intenciones” de los demás, o sencillamente esperar “lo peor”.

¿Os pasado alguna vez? Supongo que si,  todos hemos vivenciado esto ante situaciones importantes en nuestra vida. En las relaciones familiares, de amistad o en definitiva de cualquier índole. Pensamientos de sospecha que nos han empujado a sencillamente  “pensar mal” de alguien “a priori”.

¿Qué es lo que nos empuja, de ambas opciones, a que escoger  la negativa o la peor? ¿el miedo? ¿orgullo, tal vez? ¿Cómo es que en situaciones inusuales, optamos por ese lado tremendista? Realmente, aquel conocido refrán de “Piensa mal y acertarás”, ¿se ha corroborado tanto en nuestras vidas?, o en la mayoría de situaciones en las que nos ha asaltado la duda y después de debatirnos en un montón de imaginarias situaciones, siempre fatalistas, ¿han devenido finalmente en una lógica, natural, totalmente clara explicación y en definitivo con buena resolución?. Seguro que en la mayoría de los casos ha sido lo último ¿Verdad?

Entonces, de ¿dónde surge esta tendencia a desconfiar?

En mi experiencia, he comprobado que muchas veces anticipamos lo negativo en un intento de evitarnos sufrir con lo real y entonces lo que hacemos es sufrir “por adelantado”. Hacemos  algo así como para que “no nos pillen por sorpresa” anticipo el sufrimiento, ya que entonces la frustración causada se nos antoja más doloroso por inesperada.

Y, en vuestra experiencia ¿De donde surge esta reacción?

Si en lugar de anticipar un acontecimiento, bien sea bueno o malo, silenciaramos nuestra mente poniendo freno a nuestra imaginación y  esperásemos a que éstos nos muestren la realidad, sabiendo que en el caso de que ésta fuese adversa, por lo menos, nos habremos ahorrado uno de los dos sufrimientos, además viviríamos la experiencia como única, como lo que es, sin la distorsión que causa la influencia de la imaginación.

Instalarse en el presente nos brinda la oportunidad de afrontar cada experiencia, cada nueva situación, sin el filtro de lo experimentado en el pasado que probablemente nos incitaría a reaccionar de la misma manera conocida, impidiendo afrontar cada nuevo reto con recursos nacidos de nuestro continuo desarrollo personal.

Maria Dolors Pozo

lunes, 1 de noviembre de 2010

Asumiendo la propia opinión

Imagen: ¿Qué ves, una pareja o.... un bebé?


Asumiendo la propia opinión

Una de las dificultades mayores a la hora de ponerse de acuerdo con otra persona que sostiene un punto de vista, opinión diferente, o totalmente opuesto al nuestro, consiste en enfocar ambos puntos de vista como verdades absolutas.

Si para defender una opinión optamos por expresarla desde “es mi punto de vista” o “es como yo lo veo”, “es mi opinión”, en lugar de “ES ASI”, o situarnos en una defensa a ultranza partiendo de la base de que es una opinión inamovible o “la única verdad”, nos será difícil llegar a ningún tipo de acuerdo o aproximación a otra forma de pensamiento o criterio.

Aferrándonos a nuestro punto de vista en una actitud totalmente cerrada  por expresarla desde la única posibilidad, nos imposibilitamos a escuchar la otra forma de pensamiento, negándonos la posible información o planteamientos nuevos, desconocidos y enriquecedores que tal vez nos permitirían ampliar los conceptos propios.

El simple planteamiento de asumir que es “nuestro” punto de vista no “el único”, permite que las barreras existentes entre dos posiciones enfrentadas, sean movibles, capacitando a ambas partes a un acercamiento para una mayor comprensión de la situación objetiva y facilitando un posible acuerdo válido para ambas partes.

Pero esta no es la única ventaja; cuando utilizamos un lenguaje que expresa nuestro punto de vista subjetivo, estamos asumiendo y admitiendo que es el nuestro y nos permite responsabilizarnos de nuestra opinión sin tener que recurrir a una forma de expresión con visos de “sentencia” que evita la auto responsabilidad y el replanteamiento de nuestras opiniones, impidiendo la ampliación de la capacidad de comprensión y la consecuente ampliación de criterio

Al asumir que es nuestra opinión, estamos permeables a poder desarrollar cómo hemos llegado a ellos, permitiendo un análisis clarificador o enriquecido. Por el contrario, si nuestra expresión parte de la premisa de “verdad absoluta”, la posibilidad de análisis queda sensiblemente mermada,.

Maria Dolors Pozo

martes, 26 de octubre de 2010

Recuperando recursos



RECUPERANDO RECURSOS

Muchas veces vivimos situaciones en las que no encontramos los recursos adecuados para afrontarlas; bien sea una entrevista complicada o una situación en la que nuestra mente, se ha quedado literamente“en blanco” o bloqueada. Sin embargo a posteriori, recordamos haber vivido otras situaciones difíciles de similares características en las que estuvimos “brillantes” supimos “exactamente” que contestar y como encauzar
la conversación para no salir perjudicados y desenvolvernos adecuadamente.

El tener presente las situaciones vividas y superadas con éxito nos puede ayudar para afrontar las nuevas, utilizando los recursos que nos sirvieron en su momento. Esto se puede llevar a la práctica fácilmente, únicamente debemos tomarnos unos segundos, tan solo eso “segundos” para intentar relacionar lo que nos está ocurriendo en este momento con otra situación en la que supimos salir airosos con nuestros propios medios, bien sea dialécticos o estratégicos.

Si nos tomamos esos segundos para transportarnos aquella situación exitosa intentado dejarnos sentir la actitud en la que estábamos, procurando traer a la memoria algún recuerdo visual (por ejemplo la ropa que vestíamos) algún recuerdo del sonido que nos envolvía y por supuesto conectar profundamente con nuestro estado anímico. Esto que parece complicado y largo al ser leído, es muy rápido de realizar en lo vivencial. Simplemente se trata de contactar con algo de serenidad y veremos asombrados como la mayoría de las situaciones que nos parecían “difíciles” o bloqueantes son afrontadas y superadas con facilidad.

Maria Dolors Pozo
Terapeuta Gestáltica y Floral



martes, 19 de octubre de 2010

Aceptación




ACEPTACION

Muchas veces nos sorprendemos sintiendo enfado con alguien o contra algún acontecimiento de nuestra vida. Inmediatamente solemos entrar en un diálogo interior en el que establecemos una discusión entre diferentes aspectos de lo que nos ha llevado a sentir enfado. Por más que conversemos internamente con nosotros mismos, no llegamos a ninguna parte, porque casi siempre iniciamos la discusión interior desde un intento de encontrar la propia “razón” o como vulgarmente se dice •”salirse con la suya”.

La mayoría de las veces la única razón es la falta de aceptación de lo que ocasionó el disgusto y una reacción por nuestra parte por rechazar justamente eso, LO QUE ES.

Ante esta situación podemos sencillamente hacernos la pregunta ¿Qué es lo que no estoy aceptando?

Si el tema está relacionado con los sentimientos: ¿me cuesta aceptar lo que estoy sintiendo (ira, odio, envidia, etc.)? O ¿Me estoy resistiendo a aceptar el sentimiento del otro?

Aunque parezca increíble, aceptar sencillamente las emociones o sentimientos, nos coloca en una renuncia a la lucha procedente de nuestra mente; que tal vez puede causar dolor, pero jamás conflicto. El auténtico dolor sana porque nos conecta con nuestro interior, con lo genuino y auténtico. Y es sanador porque nos libera del conflicto y de la neura.

Si el tema es sobre un asunto material, también servirá clarificar la parte que no aceptamos. Tal vez sea el punto de visto del otro o que a toda costa deseamos sacar ventaja, o que sencillamente no aceptamos lo que nosotros interpretamos como “perder” y preferimos luchar.

Es importante no confundir ACEPTACION con RENUNCIA. la aceptación surge de la comprensión; en cambio, la renuncia nace de la resignación.

Si analizamos un poco los conflictos de nuestra sociedad, veremos que la mayoría de las veces surgen por una falta de aceptación…. Del derecho a las diferencias, a otras lenguas, otras culturas, etc.

En definitiva ausencia de ACEPTACION.

Poner resistencia ante lo evidente ocasiona un gasto de energía y a un endurecimiento personal que aliena al individuo, alejándole de la fluidez que pide la vida misma.

Maria Dolors Pozo
Terapeuta Gestáltica y Floral
saludygestalt@gmail.com