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domingo, 4 de diciembre de 2011

Reparación


REPARACION

Quién pude afirmar que no ha sido alguna vez agraviado, traicionado o de alguna manera perjudicado. Supongo que todos y cada uno de nosotros.

Asimismo también nosotros hemos perjudicado en algún momento de nuestras vidas, a algún semejante.

Generalmente, la mayoría de las veces, son actos involuntarios en el sentido de que no son premeditados. Surgen de actuaciones automáticas, o que funcionaron desde nuestra niñez, como mecanismos de defensa.

Pero el caso es que suceden, dañamos y también somos dañados.

El tema que propongo aquí, no es tanto analizar la forma en que perjudicamos a otros, sino la oportunidad de plantearnos algo que tal vez, no cuestionamos, dejando el daño causado …ahí pendiente, sin reparación.

Para que una afrenta quede definitivamente saldada, no basta con el perdón del perjudicado, únicamente con él, seguirá quedando pendiente, es necesario para su cancelación total una reparación que a modo de “canje” anule la acción dañina.

La forma de reparación tiene que ser ofertada por el perjudicado: “si quieres que me olvide de esto, necesito…..” y aquí cada cual que complete lo que le gustaría.

Y no basta con el reconocimiento de la falta y solicitar el perdón. Falta la reparación.

El posicionarse en “es igual, te perdono”, es una actitud en la que lo más probable es que el ofendido esgrimirá en la ocasión oportuna, un: “tú me hiciste esto o aquello”. En cambio si se está dispuesto realmente a “cancelar” se le puede dar la oportunidad al otro de reparar el daño causado.
El qué, cómo y dónde únicamente lo podrá decidir, como ya he dicho, el perjudicado.

Si el perjudicado, renuncia a la reparación, obedecerá seguramente a una falsa generosidad, que tarde o temprano deseará canjear y no de manera directa, o sea a través de juegos psicológicos, en los que entrará el juego el papel de víctima y verdugo.



También, hay que reparar el daño causado a personas que ya no están en nuestro plano, es decir fallecidas. Ellas no podrán solicitar lo que desean, pero nosotros podemos echar mano de nuestra imaginación y nuestro deseo profundo, para encontrar el ritual adecuado o beneficiar de algún modo a sus hederos, siempre en nombre del finado.

¿Has pensado ya en lo que tienes pendiente de reparar?

Maria Dolors Pozo

viernes, 29 de octubre de 2010

Ritual para difuntos

Se termina octubre y junto con los dos dias primeros de Noviembre, se celebran en todo los paises rituales relacionados con la magia, ocultismo y por supuesto con la muerte. No en vano coincide con el solisticio de otoño y el día de las brujas. Festividad en la que según la tradición, celebraban su reunión semestral.
En la cultura cristiana, es de todos sabidos la costumbre de recordar a nuestros difuntos, limpiando y adornando sus tumbas con flores.
En esta ocasión, os quiero hacer una propuesta un tanto diferente pero no por ello alejada del marco de la festividad.
Os propongo que aprovechéis esta noche tan mágica para reencontraros con familiares que ya pasaron de plano (fallecieron) y que sin necesidad de ir a donde reposan sus restos mortales, los honréis y recordéis. Algunos compartieron sus vidas y experiencias con todos nosotros y a otros les debemos nuestra herencia genética.

Buscad en ese cajón donde se guardan fotos antiguas, en su defecto, colocar cartulinas con sus nobres y arméis un pequeño altar con ellas. No dudeis en incluir aquellos antepasados que no conocimos pero que pertenecieron a la familia y que seguramente, gracias a ellos, estamos hoy aquí. Luego, poned un par o tres de velas y si acaso un sumerio, o cualquier objeto que os inspire: flores, piedras semipreciosas o guijarros de colores, incluso las joyas que pertenecieron a la familia. Después, os recogeréis con respeto, en la actitud física más en sintonía con vuestro credo y emitais un oración de respeto, recuerdo y agradeciendo que estuvieran y pertenecieran a la familia. Si hibiese recuerdos dolorosos o de resentimiento, es momento de voluntariamente dejar que se consuma con el fuego de las velas. Centrándose en lo mucho que podemos agradecer a que ellos nos precedieran en el tiempo.
Si queremos dar un pequeño paso más, podemos decir, a modo de oración:
Yo tomo vuestra fuerza y el bien, dejo que se consuma lo inarmónico y os recuerdo y guardo en el corazón.
Después dejad que se consuman las velas hasta el final (con todo el cuidado posible).

Ni que decir tiene que podéis incluir en el altar, cualquier persona a la que deséis rendir testimonio afectivo.

Os aseguro que es un ritual muy gratificante y reforzante, ya que nos pone en contacto con la Familia personal, recordando nuestros orígenes y por ende con la familia universal de la que formamos parte todos.

Necesitamos fuertes raíces para crecer alto. Nuestros antepasados las sembraron para nosotros.

Formamos parte de un Todo, y en este Todo están también todos los seres que encarnaron antes que nosotros.


M Dolors Pozo